Parecía una frase hecha la de Garitano cuando se refería a los 50 puntos, pero lo cierto es que van a costar sangre, sudor y lágrimas. Ayer, con nocturnidad y alevosía del mono de los horarios, el Leganés no pasó del empate con el Mirandés (0-0), un equipo que no vino a encerrarse, pero que tampoco tiró cohetes en los últimos metros. Sin un ritmo alto, el cuadro de Carlos Terrazas demostró ser un gran defensor y se llevó lo que quería, sobre todo por el arreón final de los pepineros, en botas del polivalente Rubén Peña, disfrazado de carrilero, y de Chuli, que se pega con Dios y con sus discípulos, aunque ayer no tuviera la puntería que acostumbra.
