En el fútbol hay muchos caminos para ganar. Más largos o más cortos. Más prácticos o menos. Todos generan debate, pero algunos ponen de acuerdo a mucha gente. Este domingo, el Alcorcón eligió el más ruin de todos para llevarse el derbi madrileño de Segunda División. Ni palmaditas en la espalda, ni fotos de sonrisa forzada. Charlotadas, que dice Garitano, actos que sirven de poco cuando el balón empieza a rodar. El buenrollismo de la semana se olvidó a las nueve en punto y los de Pepe Bordalás, desquiciados por sus diez jornadas sin ganar, fueron el equipo más abyecto del mundo, innoble con el fútbol y amigo del teatro. Hasta cinco jugadores sufrieron calambres en la segunda parte.
