martes, 4 de junio de 2013

Un puñal por la espalda


Acabó el partido y me quedé mirando al césped durante más de 20 minutos, incapaz de creer el desenlace que el fútbol tenía preparado para mi Leganés. El bofetón de última hora, el puñal por la espalda del "quién ríe el último, ríe mejor". El destino fue demasiado cruel con el Lega, cuya afición se arrimó para la causa y llenó Butarque por tercera vez en su historia. La mejor temporada de la última década, la de las sensaciones positivas, la del segundo puesto, la que lideró un inconmensurable Pablo Alfaro se había esfumado en un santiamén.

El mismo tiempo que necesitó Mario Fuentes --el excapitán pepinero-- para cabecear un córner a la red y hundir a todo Leganés en el minuto 101. El central del Lleida mandó al carajo el sueño de la misma afición que hace cinco años le sacaba a hombros de Butarque gracias a esa volea ante el Jaén. Mario, protagonista en la previa, le devolvió la estocada al equipo que le hizo futbolista. Un tanto cainíta y doloroso para la parroquia blanuquiazul, que se sintió traicionada, pero muy orgullosa del trabajo de los suyos. Ni el guión más dramático podía empañar el excelente trabajo de todo el curso.

Daba la sensación que no había valido de nada hacer los deberes, ser un chico estudioso, llegar al examen con el currículum intacto. El pase se lo llevó un Lleida que no lo mereció. No es mi dolor, ni la rabia que todavía existe dos días después, es justicia divina, la misma que tantas otras veces hemos visto en este maldito deporte. Y digo maldito porque el Lega siempre contempló desde sus lágrimas e impotencia la celebración de su rival cuando la fiesta debió ser en casa después del milagroso gol de John Pírez. 

El uruguayo había puesto la eliminatoria patas arriba. Ese impasible delantero, casi sin protagonismo durante la campaña, llevó a la locura a la afición del Lega, que hubiera pagado una fortuna por detener el reloj en ese instante o porque --al menos-- el fútbol les hubiese dado permiso para seguir con vida en la segunda ronda. Nadie sabrá que hubiera ocurrido en ese partido. Nadie podrá decir que era el año del ascenso. Lo que sí sabemos todos es la sobresaliente temporada de este Leganés, el bendito 'culpable' de la sonrisa que nos sacó domingo tras domingo. De momento, quédense con eso, que no es poco...

FOTO: Rubén Gutiérrez - Cámara llora al final del partido